Café y lluvia en ‘Sol’

“(…) la vida me vacila hoy”, pronunció un cliente de una céntrica cafetería de Madrid al acercarse a la puerta para marchar y ver cómo se había mojado la ciudad en un breve periodo de tiempo. Mientras ingería su café a cobijo, afuera se había presentado una lluvia de esas de que si sí, que si no. De las que no te crees. Para las que no estás preparado. Ni paraguas, ni chubasquero. Incluso las gotas se precipitaban sin ganas. Pero llovía.

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Café y PARTE I

Siempre se lo ponía con edulcorante líquido. Salvo que lo precisase, prefería huir del azúcar. Y no por salud, ni por exceso de peso, por manía básicamente. Le gustaba largo.

Al principio no, dicho sea de paso. Se lo tomaba corto, rápido, sin disfrutar… Bueno, como las primeras relaciones sexuales, más o menos: rápidas, sin disfrutar y… eso. Su transición fue casi azarosa. Cada vez que se levantaba se dirigía a la cocina y le pedía amablemente a su compañera de piso que le preparase café. Hasta que un día, ella, con más malhumor que de normal, no recibió muy bien la petición y le gritó: “Vale, ¡PERO LARGO!”. Él no lo entendió muy bien, puesto que se quedó en la cocina.

Desde entonces, Álvaro bebe dos cápsulas, y los de Nespresso encantados oye. Sigue leyendo

Café y… ya

Pues sí. Siempre cuesta asimilar una relación rota. Sea de la duración que sea… Es complicado. Llega la nostalgia. Con cada espasmo de la aguja del reloj en forma de segundo, el dolor te retuerce un punto más. La sensación es que será así siempre. Pero afortunadamente no lo va a ser. Eso sí, nadie sabe cuánto va a durar esa ‘dependencia’ ya consolidada o surgida tras la ruptura…

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Café & Falles

Falles són acabar de pagar la quota l’última reunió (o l’últim dia del termini).
Falles són saltar amb un ‘Entre canuts’ de La Fúmiga.
Falles són carrers tallats (perquè tenen vergonya. OK.).
Falles són un got en la mà amb contracte indefinit.
Falles són “cómo tú te llamas yo no sé (…)”.
Falles són la invasió de música.
I la dels ninots. Sigue leyendo

Café & Irish Memories

“(…) Disfruten del vuelo”. Eso es lo último que recuerda con más o menos claridad tras acomodarse en su butaca, fijarse el cinturón de seguridad y clavar la mirada en lo que iba pasando al otro lado de aquella pequeña ventana decorada con la lluvia exterior. Una ventana que acabó siendo un espejo, reflejando esas diminutas y abundantes muestras de humedad en sus lentes de contacto. Sigue leyendo

Café y kilómetros

Fue una falsa alarma. La primera palabra tecleada acabó tachada. Y la segunda, y la tercera… Hubo cantidad de primeras palabras, con algo en común: todas tuvieron la misma vida, apenas figuraron unos segundos.

Con el café de aquella mañana libre ya prácticamente concluido, Álvaro no había conseguido romper con el blanco de aquella página. Sigue leyendo

Café y dioptrías

Estaba caliente, el café. Muy caliente. A la mesera de aquel lugar (llamado ‘Café… algo’ -no recuerdo-, bueno, era en Nueva York, así que sería ‘Coffee… something’ -sigo sin recordar-), debió de hacérsele eterno el momento de coger la taza de su bandeja y posarla sobre la mesa en la que estaba sentado. No era mucho más tarde de las 8 de la mañana cuando me disponía a hacer el ritual de cada día con el que arrancaba la jornada: café, cigarrillo y prensa.

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